«Luego, acompañado por sus discípulos, Jesús salió del cuarto en el piso de arriba y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos. Allí les dijo: “Oren, para que no cedan a la tentación”». Lucas 22:39-40, NTV.
Jesús y sus discípulos habían terminado de celebrar lo que se llamó la “última cena” o pascua, la cual compartió con ellos como preludio de su propósito final: ir a la cruz a cumplir con la tarea encomendada por el Padre. Ya Judas había planeado y orquestado entregarle a los sacerdotes judíos, sin embargo el Señor le permitió participar de aquel momento sagrado.
Me impacta que el escritor Lucas constantemente nos recuerda que Jesús tenía la costumbre de ir a orar al Monte de los Olivos cuando se encontraba en Jerusalén. Era su lugar predilecto. Recordemos que tener un lugar de encuentro con nuestro Padre nos ayuda a mantenernos en modo alerta para cumplir la cita diaria más importante: estar delante de la presencia del Padre.
El Señor fue a buscar el rostro del Padre, muchos creen que su intención fue buscar una forma diferente de muerte. Nada correcta es esa apreciación, porque la muerte voluntaria del Cristo no fue un asunto terrenal, sino algo que fue planeado desde antes de la fundación del mundo.
Por las Escrituras en Isaias 53 se nos revela el tipo de sufrimiento que viviría nuestro Redentor. Lo que Cristo fue a buscar en aquel Monte fue la confirmación de la voluntad de Su Padre. Es muy interesante entender que la oracion no debe ser para nuestros deseos mundanos, sino para encontrar la voluntad de nuestro Padre. Orar para pedir es una parte muy pequeña de nuestro día a día con Él.
Necesitamos salir de nuestros devocionales con una agenda diarias celestial que llevar a cabo.
Jesús no tenía temor al sufrimiento que padecería en pocas horas. Tampoco tenía temor de la cruz que le esperaba. Tal vez su único temor consistió en que en algún momento de ese proceso el Padre lo abandonara. Él sabía que así debería ser, pero su parte humana también tenía temor del abandono temporal del Padre mientras Él cumplía con Su voluntad: salvar al perdido.
En medio de su padecimiento su sudor parecían gotas de sangre. Pero lo más hermoso fue la respuesta inmediata del Padre.
“Un ángel del cielo apareció y lo fortaleció” dice Lucas 22:43.
Todo lo que necesitamos cuando estamos en un tiempo a solas con Dios es Su fortaleza. Es señal de acompañamiento y de respaldo. Puesto que el propósito es grande, necesitamos pasar muchas veces por las pruebas con un ángel que nos acompañe mientras vamos camino al calvario.
Finalmente, las palabras del Señor a sus discípulos que se encontraban dormidos fueron:
"¿Por qué duermen? — Levántense y oren para que no cedan ante la tentación”»Lucas 22:46.
La oración es el único antídoto para no dormirnos cuando debemos estar es orando; y para que las pruebas no nos alejen de la presencia de Dios. Dios te bendiga mucho más en este nuevo día.
Pastor de la iglesia CBI Medellín
*A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera (RVR) 1960.
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